Los
primeros acuerdos bilaterales remontan a los primeros años de la Independencia,
cuando las nuevas republicas hispanoamericanas concluyen tratados separados de
“amistad, comercio y navegación” con el Reino Unido y con Estados Unidos. En un
principio, el carácter bilateral de esta estrategia responde sobre todo a la
iniciativa extra-regional, deseosa de imponer condiciones variables con el
máximo aprovechamiento para las exportaciones británicas y estadounidenses. Con
el andar del tiempo, sin embargo, la creciente heterogeneidad de las economías
latinoamericanas crea la necesidad de
agendas específicas. Los acuerdos anteriores a la Asociación Latinoamericana de
Libre Comercio (ALALC) se caracterizan por su incompatibilidad. Entre 1962 y
1980, periodo en sus inicios caracterizado por la búsqueda de desarrollo
industrial en la mayor parte de los países,
estos acuerdos persiguen el desarme positivo y preferencial (no se busca llegar
al arancel cero) con amplias listas de excepciones. Bajo esta modalidad, México
concluye un total de 171 acuerdos,
principalmente con Argentina, Brasil, Colombia, Ecuador, Perú y Venezuela.
Brasil por su parte, establece con Paraguay y Uruguay 60 arreglos de diferente
alcance, y Chile, suscribe 55 acuerdos con Bolivia y Perú.
Con la
creación de la ALADI en 1980 se inicia el liberalismo de estructura
compatibilizada, más flexible en sus objetivos conforme a su identidad como acuerdo preferencial, por
primera vez aceptado dentro del GATT.